Sunday, June 04, 2017

MI RULFO MÍO DE MÍ

Mauricio Barrera escribió "Mi Rulfo mío de mí" sobre Había mucha neblina o humo o no sé qué para el periódico colombiano El tiempo. 

Decía Rulfo –o dicen que decía, como pasa con los rumores– que escribía para dos o tres amigos, y nada más. Incluso, dicen que lo llegó a asegurar en una entrevista, cuando se celebraban treinta años de la publicación de Pedro Páramo, la novela (la única) que lo encumbraría en lo más alto de las letras latinoamericanas. “Nunca me imaginé el destino de esos libros. Los hice para que los leyeran dos o tres amigos o, más bien, por necesidad”. 

El destino quiso, sin embargo, que esos libros (en realidad dos, Pedro Páramo y El llano en llamas) llegaran un buen día a las manos de Cristina Rivera Garza para que ella, también movida por la necesidad –la necesidad de estremecer a otros con la misma intensidad con la que la obra de Rulfo la había estremecido a ella–, escribiera Había mucha neblina o humo o no sé qué, una especie de biografía y relato de ficción sobre el autor más importarte de las letras mexicanas del siglo XX; un viaje íntimo construido a partir de la evocación y el reportaje; un homenaje cargado de una hermosa gramática sentimental que se une a la celebración del centenario del nacimiento del autor de Pedro Páramo. 

Escribe Rivera Garza:

“–Siento que he estado con usted una vida entera –murmura a medida que coloca el pie sobre el borde inferior de la puerta.

–Y así ha sido –le dice él, le dice Juan N. Pérez V. mientras sostiene la puerta abierta e inclina la cabeza hacia el piso”. 


La mujer que “coloca el pie sobre el borde inferior de la puerta” es Cristina Rivera Garza. Juan N. Pérez V. no es otro que Juan Rulfo.
 El lugar donde todo sucede: las exquisitas páginas de Había mucha neblina o humo o no sé qué.
Digamos que Había mucha neblina o humo o no sé qué son en realidad tres libros en uno. El primero vendría a ser el libro en el que la autora se regala el privilegio de estar al lado de Juan Rulfo para convertirse ella misma (casi) en un personaje más dentro del universo rulfiano. El segundo sería el libro histórico sobre el México flamante y poderoso de las carreteras y los programas de industrialización que terminarían castigando al mundo rural, ese que a juicio de Rivera Garza (y de tantos otros) acabaría por nutrir en definitiva la obra de Rulfo. Y el tercero, la biografía tradicional donde se arrojan datos puntuales como que Juan Rulfo se llamaba en realidad Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, y que era natural de Jalisco, y que era huérfano de padre y madre, y que amaba el alpinismo, y la fotografía, y la literatura nórdica, y etcétera.

Tres libros en uno, sí. Aunque quizás son más. Todos entrelazados, ligados y yuxtapuestos. 

Ya desde la contratapa Rivera Garza advierte por dónde correrá el río para que después nadie trate de pescar en aguas revueltas: “Cada quien tiene su Rulfo privado”, escribe. “El mío, mi Rulfo mío de mí, está tan interesado en escribir una obra como preocupado por ganarse la vida”. La intención, entonces, era escribir sobre el Rulfo que la ha acompañado durante toda la vida, sacarlo de la maleta del tiempo, rendirle un homenaje en la antesala de su centenario. Que la Fundación Juan Rulfo haya descalificado recientemente el libro de Rivera Garza, al considerarlo difamatorio, se entiende poco.
“Hay muchos años de trabajo y cariño detrás de Había mucha neblina o humo o no sé qué. Más que un libro sobre Rulfo –lo he dicho ya varias veces en presentaciones y entrevistas– es un libro que, moviéndose alrededor o a través de Rulfo, invita al lector a tocar el territorio de un país en vilo”, escribió hace poco Rivera Garza en una carta a propósito del boicot y la censura. “Lean, cotejen, comparen, contrasten, regresen, subrayen, anoten, debatan –si fuera de su interés–disientan –si ese fuera el caso–. Las páginas son todas suyas. Supongo que es así que los libros van armando sus propias esferas de afecto”, remata.  Bienvenidos, pues, al Rulfo ‘nuestro de nosotros’.
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--crg

PROPIEDAD PÚBLICA/ PROPIEDAD PRIVADA

Alberto Fuguet escribe "Propiedad privada/ propiedad pública" sobre Había mucha neblina o humo o no sé qué en la revista chilena Qué Pasa
Los que se creen dueños de un autor intentan cuidarlo, pero ¿acaso la mejor manera de querer realmente a un escritor no es que éste sea leído y su obra se potencie, viaje, provoque debate, se estudie, se comente y hasta se destroce? Todo esto se me vino a la cabeza al terminar de leer un libro híbrido, tan curioso como inclasificable, que es del todo fascinante y emociona y conmueve y estimula y dan ganas de copiar. La novelista mexicana Cristina Rivera Garza ha publicado un libro tan extraño como entrañable pues de ahí viene: de las entrañas. Había mucha neblina o humo o no sé qué (qué titulazo) es la obra de una fan, de una groupie, de una stalker que no es peligrosa sino entusiasta, que sólo desea sensualmente penetrar la obra de ese tótem que es Juan Rulfo y quedar impregnada de su aroma. Es un viaje al planeta Rulfo y al México real y a Oaxaca y a Comala y a sí misma. Este impresionante libro (impresiona, embriaga) es el tipo de libro que, mal promocionado, a mí al menos me darían ganas de huir. Parece un estudio académico. Parece. Pero no lo es. Rivera Garza decide no sólo re-leer a Juan Rulfo, ese mito azteca que sólo escribió dos delgado libros, sino ingresar a ellos y a su vida. No es una biografía de Rulfo sino la crónica de una obsesión, una bitácora de viaje, el registro de años de lecturas atentas. “Hay escritores que se sientan y hay escritores que se caminan; Rulfo era de los segundos. Todos leen, de preferencia vorazmente, pero no todos leen el mundo con el cuerpo”, escribe y, tal como el objeto de su devoción, sale a caminar por el México profundo.
Lo que provoca a Rivera Garza a lanzarse con tanto cariño y ganas a escribir es una famosa respuesta que Juan Rulfo le dio a un programa de la televisión española al intentar justificar su prosa, su mundo y su escuálida producción: “Es que yo trabajo”. Lo que ella decide es investigar esos trabajos. “Entre vivir la vida y contar la vida hay que ganarse la vida”. Porque un autor debe ganarse la vida para poder luego escribir libros que no siempre (casi nunca) generan dinero. ¿En qué se ganó la vida Rulfo si no se dedicó a cobrar becas del Estado mexicano ni se encerró detrás de las paredes de la academia? “¿Es posible concebir la producción de una obra y la producción de una vida sin que una esté supeditada a la otra?”, se pregunta la autora. Todo el libro es eso: duda, curiosidad, interrogantes. Y uno queda con serias ganas de leer a Rulfo, claro. Urgentemente. Entre otras cosas porque lo humaniza, lo aleja de su sitial de Dios, lo transforma en un tipo que camina, con piel. En México, al parecer, esto es muy mal visto. En un país donde a todos tratan de doctor y licenciado y maestro, donde el mande es el tic popular que deja claro que unos mandan y otros obedecen, el humanizar a un autor público y popular y de todos es algo que no se hace. Rulfo es un mito y mejor dejarlo así. Rulfo es un trofeo, una estatua que debe ser cuidada con celo. Molestó que escribiera, creo, frases como esta: “En lugar de convertirse en el literato oficial del régimen, continuó con un empleo que le permitía, entre otras cosas, mantener a su familia... En lugar de buscar posiciones en la burocracia cultural, ejerció su gusto por la conversación y el discurrir literario en un Centro Mexicano de Escritores financiado indirectamente por la CIA y el mundo semiprivado del café y el bar”.
El libro —publicado por Literatura Random House— fue recibido con esas polémicas y arrebatos que, desde afuera, parecen ideales para hacer ruido, pero al final son desgastantes y molestos, sobre todo para el autor. Su potente libro provocó la irritación y enojo de la Fundación Juan Rulfo, cuyo presidente torpemente calificó el libro de “difamatorio”. Porque insinuar algo que se aleje de una supuesta historia oficial es difamar. ¿No es hacerlo aun más complejo? Rivera Garza respondió con una brillante carta: “En Había mucha neblina o humo o no sé qué ofrecí —tal vez debería decir: me atreví a ofrecer— a mi Rulfo mío de mí: uno entre los muchos otros que ya existen y entre los otros tantos que seguirán existiendo si continuamos con su lectura. Mi Rulfo mío de mí que no intenta ni sustituir al tuyo ni eliminarlo, sino más bien multiplicarlo, expandirlo”.
¿Al final, de quién es una obra privada que intentó y logró ser de todos? Rulfo quiso captar Mexico y lo hizo; ¿no es por lo tanto de todos los mexicanos? ¿No es público? Sobre todo si ya lleva tanto tiempo muerto. En el libro se adelanta quizás la torpe y predecible reacción histérica: “Mi relación con Juan Rulfo es una de las más sagradas que existen sobre la tierra: soy una lectora suya”, sentencia. Al hacerlo suyo lo hace de todos, no de los viudos, viudas o de esas fundaciones que no entienden que la mejor manera de apoyar a un autor es que escriban de él.

--CRG

Thursday, June 01, 2017

DESAPROPIACIÓN PARA PRINCIPIANTES

Un ensayo para Overcast, mi columna en Literal Magazine.

He hablado ya en bastantes foros sobre el concepto de desapropiación, en discusión primero en el libro Los muertos indóciles. Necroescrituras y desapropiación (México: Tusquets, 2011). Entre una y otra conversación, a lo largo de los diálogos que han resultado de preguntas incisivas, llamadas de atención y sugerencias varias, he ido fraguando una versión más concisa, tal vez un poco más clara, aunque siempre inacabada, del mismo. Ya desde el diccionario, la definición básica del término (desapropiarse: Dicho de una persona: Desposeerse del domino de lo propio) llama a la acción. Se trataba y se trata de renunciar críticamente a lo que la Literatura (con L mayúscula) hace y ha hecho: apropiarse de las experiencias y voces de otros en beneficio de ella misma y sus propias jerarquías de influencia. Se trataba y se trata de poner en claro los mecanismos que permiten una transferencia desigual del trabajo con el lenguaje de la experiencia colectiva hacia la apropiación individual del autor. Todo con el fin de regresar al origen plural de toda escritura y construir, así, horizontes de futuro donde las escrituras se encuentren con la asamblea y puedan participar y contribuir al bien común. 
En un inicio, pues, el término intentaba describir el tipo de trabajo escritural que, en una época signada por la violencia espectacular de la así llamada guerra contra el narco, se abría para incluir, de manera evidente y creativa, las voces de otros, cuidándose de esquivar los riesgos obvios: subsumirlas a la esfera del autor mismo o reificarlas en intercambios desiguales signados por la ganancia o el prestigio. Crítica y festiva, siempre con otros, la desapropiación hace—desde la escritura—un llamado de alerta para lo que está en juego: la construcción de horizontes comunitario-populares que aseguren la reapropiación colectiva de la riqueza material disponible, como argumentaba Raquel Gutiérrez.
Pero todo este entramado de ideas precisa de un desglose. Un ir en calma. De ahí esta versión. La llamo “para principiantes” con el fin de reproducir en un eco jocoso los títulos de esos muchos y variopintos manuales que nos prometen, a menudo verazmente, que todos podemos utilizar sus instrucciones y saberes para bien. También los llamo “para principiantes” porque, en sentido estricto, eso somos todos cuando, con algo de suerte, aprendemos los unos de los otros. 
La escritura es un trabajo
La escritura no es resultado de una inspiración tan inexplicable como individual sino una forma de trabajo material de cuerpos concretos en contacto—tenso, volátil, irresuelto—con otros cuerpos en tiempos y lugares específicos. Las escrituras, en otras palabras, son cuerpos en contextos. En su contacto con ese bien común que es el lenguaje, el trabajo de la escritura participa de distintos procesos de producción y reproducción de riqueza social. La que escribe, en este sentido, no representa la realidad, sino que la presenta, es decir, la produce, en relación a tradiciones literarias, o no, para su futura reproducción en forma de lectura. 
La literatura es apropiación de lo que no es literatura
Así como Jacques Ranciére argumentaba que todo arte es, bien estudiado, una forma de apropiación de lo que no es arte, es posible decir que toda literatura es una forma de apropiación de lo que no es literatura. En efecto, en Aisthesis. Scenes from the Aesthetic Regime of Art, una traducción de Zakir Paul publicada por la editorial Verso, Rancière analiza detalladamente 14 escenas en las que se demuestra cómo el contacto y la incorporación de experiencias no artísticas marca el inicio de lo que denominamos arte, o el régimen estético del arte, hoy en día. Porque cree que el surgimiento de las artes en occidente ocurre precisamente cuando las jerarquías establecidas entre las artes mecánicas (artesanales) y las bellas artes (el pasatiempo de hombres libres) empiezan a vacilar, Rancière busca ese momento, o el eco de ese momento, en cada escena analizada. No es ésta la visión del que persigue lo marginal o raro por su valor exótico, sino de quien busca colocarlo en su justo sitio: ahí donde se decidieron poco a poco y en contextos de gran tensión social y cultural qué es arte o a qué tipo de prácticas y saberes le llamaríamos así con el paso del tiempo. “Las figuras vulgares de pinturas menores, la exaltación de las actividades más prosaicas en el verso liberado de la métrica, los números del music-hall, los edificios industriales y los ritmos de las máquinas, el humo de los trenes y los barcos reproducidos mecánicamente, los extravagantes inventarios de los objetos de las vidas de los pobres”, todo ello atrae nuestra atención no como raros ejemplos de lo que se quedó en el pasado, sino como ejemplos de esos instantes en que se reta y se transforma a la experiencia de lo sensible, así como los modos en que percibimos y nos vemos afectados por lo que percibimos. Es una historia alternativa, si no es que opuesta, a los recuentos que presentan a la creciente autonomía del arte como un desarrollo natural y, por lo tanto, ineludible. Una historia similar empieza a ser contada desde las perspectivas de las literaturas post-autónomas, entre ellas la de Josefina Ludmer, que ya han escapado del encanto que dicta la producción espontánea, incorpórea, y meramente individual de la literatura. 
Los materiales ajenos
Incluso si al escribir hablamos de nosotros mismos, estamos ya, en el acto de escribir, hablando de otros. No hay recuento de yo alguno que no sea, al mismo tiempo y de manera necesaria, un recuento del tú, nos recordaba Judith Butler en Giving an Account of One Self.No solo es cierto que el lenguaje con el que escribimos es uno con historia y con conflicto—un lenguaje al que llegamos y que nos llega cargado de experiencia y de tiempo—sino que las historias ahí relatadas, o mejor: encarnadas, son de otros: desde los famosos relatos de las abuelas, las historias oídas al pasar,  hasta los recuentos de otros libros. La figura solitaria del autor, con sus prácticas de devorador y su estatuto de consumidor genial, ha encubierto la serie de complejas relaciones de intercambio y de compartencia a partir de las cuales se generan las distintas formas de escrituras que, luego, firma como propias. El autor que apropia es, así, un encubridor en el sentido literal, y no necesariamente moral, del término. Desentrañar las materialidades inmersas en esas firmas autoriales es tarea de la desapropiación.   
Escrituras geológicas 
La desapropiación vuelve visible, mejor: tangible, la apropiación autorial y, al hacerlo, hace perceptible el trabajo de los practicantes de una lengua cuando otros, algunos entre ellos, la vuelven escritura. La desapropiación, así, desentraña la pluralidad que antecede a lo individual en el proceso creativo. Al hacerlo, la desapropiación expone el trabajo comunitario de los practicantes de una lengua como base ineludible del trabajo creativo. Deja ver, pues, las formas de autoproducción y las tramas en común de los sujetos colectivos de enunciación. Más que denunciar la apropiación desde un discurso adyacente (fincado, a menudo, en una misma lógica apropiativa), la desapropiación la anuncia, es decir, la pone de manifiesto de maneras estéticamente relevantes. Lejos de ser una policía a la caza de apropiaciones varias, la estética desapropiativa produce estrategias de escritura que abrazan y den la bienvenida a las escrituras de otros dentro de sí de maneras abiertas, lúdicas, contestatarias. Al generar, así, capas sobre capas de relación con lenguajes mediados por los cuerpos y experiencias de otro, las escrituras desapropiativas son escrituras geológicas. Por eso, su forma de “aparecer” suele conseguirse a través de diversas estrategias de re-escritura, dentro de las cuales se pueden contar a las así llamadas excavación, reciclaje, yuxtaposición. Si bien los protocolos académicos se sirven de las comillas y del aparato bibliográfico para dar cuenta de las relaciones de apropiación de sus discursos a través de la cita textual, las estéticas desapropiativas echan mano de recursos más amplios, más diversos, ligados, o no, a tradiciones literarias específicas y, ligados también, con más frecuencia, a la tecnología digital. 
La deuda impagable
La deuda constituye la base del capitalismo post-financiero en el que vivimos. La deuda que, según Nietszche, nos volvió sociales, nos acecha como un perro hambriento a la vuelta de toda esquina. Nacemos con una deuda y, a lo largo de la vida, no hacemos sino acrecentar esa deuda. Si algo enseña la universidad con sus altos costos, sobre todo en Estados Unidos, es que la deuda no deja de crecer nunca. Al exigir un pago, la deuda nos ata, determinando cada decisión de la vida adulta. Desde la ropa hasta la casa, pasando por el auto, los objetos que nos vuelven sujetos en deuda, nos encarcelan. Por eso, en lugar de cubrir la deuda, Fred Moten y Stefano Harney proponen lo contrario en The Undercommons proponen acrecentar la deuda, volverla tan enorme que se vuelva impagable. Cuando la desapropiación se propone sacar a la luz los lazos de deuda que atan a la escritura con los practicantes de una lengua, lo que hace en realidad es impagarla. El escritor no tiene una responsabilidad con los otros; tiene una deuda con los otros. La deuda no es moral, sino material (la escritura es trabajo). Más que la prueba de esa deuda, la escritura en su forma desapropiativa es la deuda misma, la deuda en sí. Entre más grande, larga, inaudita la escritura, más grande, larga, inaudita la deuda. Cuando escribimos desapropiativamente decimos no (en)cubriremos la deuda, la descubriremos. 
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--crg

Tuesday, May 30, 2017

LA LENTA CANCELACIÓN DEL FUTURO

Pedro Hernández Martínez escribió sobre "Había mucha neblina o humo o no sé qué" en la revista Arquine.


Como EUA, México anduvo en la misma dirección y sufrió, desde directrices políticas marcadas por el propio Estado, todo un plan de remodelación: carreteras, viviendas e infraestructuras que habrían de introducir al país en la consabida modernidad. Como apunta Cristina Rivera Garza en su reciente libro Había mucha neblina o humo o no se qué, no se pueden entender el llamado milagro mexicano o la llegada del turismo al país sin construcciones como la Carretera Panamericana. Concebida como un eje que vertebra el país de norte a sur y que conecta México con todo el resto del continente, su desarrollo está ligado de forma directa a esa tan deseada transformación económica que permitiera a país abandonar el místico y empobrecido mundo rural. Toda esa transformación es analizada por Rivera Garza desde la figura de Juan Rulfo — que aparece más como excusa para trazar las propias ideas de la autora que como tema en sí — y, en particular, a partir de los textos del propio escritor mexicano. Rulfo vivió en su propio cuerpo ese cambio territorio, pues llegó a trabajar en la fábrica de llantas de Goodrich-Euzkadi, en la elaboración de guías turísticas, en la Comisión del Papaloapan y en el Instituto Indigenista; todos trabajos que, de una u otra manera, serán esenciales para entender los cambios sufridos por el país en aquel momento. Para ello, Rivera Garza compara la figura de Rulfo es con el Angelus Novus de Walter Benjamin, el Ángel de la Historia cuyo “rostro está vuelto hacia el pasado. Donde nosotros percibimos una cadena de acontecimientos, él ve una catástrofe única que amontona ruina sobre ruina y la arroja a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado, pero desde el Paraíso sopla un huracán que se enreda en sus alas, y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irreteniblemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras los escombros se elevan ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso.”
La preocupación de Rulfo en su obra será entonces, y de acuerdo a Rivera Garza, la de dar cuenta de ese mundo rural e indígena que desaparece bajo la avasalladora acción del progreso. Sus textos, por ello, no intentarán dar cuenta de la Historia (así, con mayúscula) de México, como sí hacía la literatura hasta entonces, sino que se va a centrar en contar la precaria vida de aquellos que han quedado excluidos de la misma. Esa es la razón de que en la obra del mexicano habiten seres fantasmales que se mueven en mundos completamente muertos. A ellos, nos parece decir, sólo les pertenece eso: los escombros del proceso, la nada.
Más allá de cualquier polémica que haya suscitado la publicación del libro, es cierto que la lectura de Rivera Garza permite establecer paralelismos con la propia contemporaneidad, que, para la escritora mexicana, pasa por establecer un acercamiento a la cultura indígena — por otra parte, uno de los temas que más le interesó a Juan Rulfo en textos y fotografías — así como a la explotación laboral y a la mala gestión de los recursos de la tierra existentes hoy en día. Con esa misma lectura, Irmgard Emmelhainz se aventura en un muy buen texto aparecido en e-flux hace poco — Fog or Smoke? Colonial Blindness and the Closure of Representation — con una lectura postcolonial y referida al cambio climático que haría aún vigente, y más allá de lo literario, una lectura de Juan Rulfo en su conjunto. En cualquier caso, la preocupación que puede abrir para nosotros, arquitectos, no es tan distante. Dado que el doble vinculo que proponen estas lecturas de la modernidad — de progreso y amenaza al mismo tiempo — aún puede establecerse como vigente y dado que las políticas e ideologías que se están construyendo hoy tienen repercusiones arquitectónicas y espaciales muy concretas en las que participa de forma directa el diseño, podemos pararnos a reflexionar sobre cómo las actuales políticas medioambientales, económicas y sociales dan forma a nuestro territorio, y establecer entonces si son justas o no, a fin de apuntar dónde se encuentran hoy los excluidos de la Historia.
El artículo completo aquí. 
--crg


Thursday, May 25, 2017

RULFO EMANCIPADO

Christian Mendoza escribió "Rulfo emancipado" sobre Había mucha neblina o humo o no sé qué en Solitas.com:


Publicado a finales de 2016, Había mucha neblina o humo o no sé qué propone leer a Rulfo a partir de dos frentes: el ensayo crítico y la intervención escritural. El primero es un análisis de Rivera Garza en torno a la construcción de la modernidad mexicana en proyectos como la Comisión del Papaloapan o la construcción de carreteras en México bajo el alemanismo y, a mayor escala, bajo un incipiente priisimo cuyo imaginario y motor fue el progreso. Rulfo fue un discreto partícipe de ambas misiones, pero la autora especula, sin enunciar un juicio moral, que el responsable de Pedro Páramo pudo leer las contradicciones de la modernidad mexicana: por un lado, la promesa de mayores recursos naturales y de transporte para los mexicanos; por otro, el desplazamiento de las comunidades indígenas que habitaban los espacios donde después fueron trazadas las carreteras. Esa especulación está dada por una interpretación bastante cuidadosa  de cuentos como “Nos han dado la tierra”.

Rivera Garza no es la única en decir que la modernización tiene siempre un anverso violentador, y que aquello repercutió en las prácticas literarias no sólo de Rulfo, también de otros autores como Nellie Campobello, autora de Cartucho, una de las narraciones formalmente más arriesgadas sobre la Revolución. Otros críticos literarios, como Marshall Berman o Ricardo Roque-Baldovinos, han diseccionado las consecuencias del progreso en la literatura (como la fragmentación del sujeto y de su discurso, también la suspensión de la anécdota como hilo conductor del argumento narrativo). Lo único que sucede es que Rivera Garza traduce las mismas estrategias de análisis al entorno mexicano para señalar los matices políticos bajo los que operó la escritura de Rulfo. Esquivar las obviedades de un texto literario, mirar los contextos históricos como generadores de estéticas, es mucho más productivo. 
Además de la crítica, Rivera Garza propone algo inusitado en lo que respecta al análisis de un clásico. Había mucha neblina o humo o no sé qué también traza una teoría de la lectura que trabaja bajo la máxima “la lectura es producción y no consumo”. Leer, para Rivera Garza, es un acto creativo que puede traducirse a la escritura. Para el lector emancipado que se propone en Había mucha neblina o humo o no sé qué, la escritura es un artefacto móvil que puede ser manipulado a través de diversas fracturas y reconstrucciones. Además de la lectura crítica, para Rivera Garza cuentan los signos con los que se compone la literatura. De cierta manera, se actualiza a Rulfo leyéndolo bajo los embates de la modernidad, pero también reescribiéndolo. Rivera Garza transforma los formatos textuales de El llano en llamas Pedro Páramo y los convierte en fragmentos poéticos. Incide, también, entre los renglones de algunos cuentos ya sea interviniéndolos, o “engordándolos”, a la manera de Pablo Katchadjian, con sus propios ejercicios ficcionales. A partir de oraciones puntuales de Rulfo, Rivera Garza construye otros cuentos, crónicas, poesía. En suma, lenguaje. 
Había mucha neblina o humo o no sé qué no es un libro académico. Tampoco se suma a los títulos conmemorativos que irán apareciendo a lo largo de este año. Rivera Garza confiesa que su libro no surge de ninguna agenda legitimadora: no fue alumna de Rulfo, no tomó café con él, mucho menos trabajó a su lado. Rivera Garza sólo es una lectora de su obra. 
Había mucha neblina o humo o no sé qué plantea a la lectura como una práctica que funciona al margen de lo unilateral, y que, en su caso, aportó nuevas perspectivas alrededor de dos textos fundacionales de la literatura del siglo XX mexicano. Sin duda es un libro polémico, pero habría que cuestionarse si la incomodidad que provoca es por la libertad con la que Rivera Garza vuelve a Rulfo: no como una reliquia sagrada de sus herederos y del Estado, sino como un autor que puede criticarse y transitarse.

Artículo completo aquí.


CASA DEL POETA

2017, XXV aniversario de la Casa del Poeta "Ramón López Velarde"
La Casa del Poeta "Ramón López Velarde" festeja este año su vigésimo quinto aniversario. Para conmemorarlo, se celebrará el Encuentro Internacional de Poesía "Ramón López Velarde", en el que participarán 18 poetas de diversas nacionalidades: 


María Auxiliadora Álvarez (Venezuela)
Juan Carlos Bautista 
Coral Bracho
Elsa Cross
Antonio Deltoro
Jorge Esquinca
Luis Felipe Fabre
Jorge Fernández Granados
Julián Herbert

Elvira Hernández 
(Chile)
Claudia Hernández de Valle-Arizpe
David Huerta
Eduardo Hurtado
Eduardo Milán 
(Uruguay-México)
María Negroni (Argentina)
León Plascencia Ñol
María Rivera
Cristina Rivera Garza



Jueves 25 de mayo
a las 19:00 horas
en el Salón de Usos Múltiples
de la Casa del Poeta.



La Casa del Poeta 
agradece a la Secretaría de Cultura del Gobierno Federal 
el apoyo proporcionado para la realización de este ciclo.



Álvaro Obregón 73, Colonia Roma
(entre Córdoba y Mérida)
55-33-54-56 y 52-07-93-36
www.casadelpoeta.iap.org.mx
www.casapoetalopezvelarde.blogspot.com
Twitter: @casadelpoetarlv

Friday, May 19, 2017

HABIA MUCHA NEBLINA O HUMO O NO SÉ QUÉ

Carlos Rojas escribe sobre Había mucha neblina o humo o no sé qué en Correo del Libro:
La estación más reciente en la búsqueda irresuelta de Cristina Rivera Garza por los vericuetos de la escritura es Había mucha neblina o humo o no sé qué, un crisol de estructuras narrativas que persigue las huellas humanas y literarias de Juan Rulfo, como ser humano y como el escritor que iluminó buena parte de la literatura en español del siglo XX.
En su exploración, Rivera Garza da continuidad al esfuerzo por construir un espacio de melancolía donde se pueda recrear eso que se ha perdido; al mismo tiempo hace palpable su propia relación con la lectura como proceso creativo y abre un espacio para apuntar ciertas preguntas sobre la vida y obra de uno de los pilares de la literatura mexicana.
Había mucha neblina… es la expresión de “amor sincero” que la escritora hace a Rulfo para adentrarse en él de la manera más literal posible: reescribir sus textos letra por letra, andar por los caminos que el famoso escritor recorrió, tratar de poner la mirada en lo que queda de los paisajes que el jalisciense miró, describió o capturó con su cámara fotográfica. De esa manera, procura acercarse al cuerpo que escribió Pedro Páramo, para decirle “quiero vivir dentro de ti”, y procurar así “contener ese algo que se desvanece”.
El artículo completo aquí. 

--crg


Thursday, May 04, 2017

FOG OR SMOKE? COLONIAL BLINDNESS AND THE CLOSURE OF REPRESENTATION

Irmgard Emmelhainz, "Fog or Smoke? Colonial Blindness and the Closure of Representation" in E-Flux Journal #82,May 2017: 

Earlier this year, the Juan Rulfo Foundation withdrew from its plan to participate in the 9th annual Book and Rose Fair at the Universidad Nacional Autónoma de México. The Foundation objected to Cristina Rivera Garza’s scheduled presentation of her new book on Rulfo, Había mucha neblina o humo o no sé que (There was a lot of fog or smoke or I do not know), which it considered to be “defamatory.”
Garza’s book offers Juan Rulfo as an embodiment of modernity’s double bind. Known primarily for El Llano en Llamas (The Plain in Flames) a short story collection from 1953 and his novel Pedro Páramo from 1955, Rulfo worked also for Goodrich-Euzkadi, a transnational company responsible for expanding the tourism industry in Mexico. He was also an advisor and researcher for the Papaloapan Commission, the state organization charged with extracting “natural resources” from Southern Mexico; most notably, the commission installed the Miguel Alemán Dam in Nuevo Soyaltepec in Oaxaca. Rulfo legitimized the emblematic projects of Mexican modernity in the mid-twentieth century even as he memorialized the very peoples that his work risked erasing in his writing and photography.1 Rivera Garza compares Rulfo’s vision to that of Walter Benjamin’s Angel of History: a retrospective gaze that observes—even relishes—all the details of the disaster caused by the winds pulling it toward the future.
Modernization and memorilization coincided in Rulfo’s position as head of publishing at the Instituto Nacional Indigenista (INI), a state institution created to look after the needs of all indigenous Mexicans. Founded in 1948 with the goal of integrating indigenous peoples into “national” culture by “acculturating them,” and thus “elevating their condition,” INI’s policies were characterized by a homogenization of Mexico’s “ethnic groups. This understanding of indigenity as a problem to be solved is what links Goodrich-Euzkadi, the Papaloapan Commission, and the INI, which combined to threaten autonomous life and community work in the name of development and modernization. In the 1950s, the euphemism “reacomodo,” which means “rearrangement” or “reshuffling,” was coined to designate indigenous extermination while obscuring the colonial matrix.
That Rivera Garza’s contradictory portrait of Rulfo would be considered defamatory is itself representative of modernity’s colonial blind spot, which, like Freud’s neurotic, cannot bear to hear its past openly or honestly discussed. An active agent of the Mexican state’s modernization project and a passionate believer in progress, Rulfo’s reports to the Papaloapan Commission amplified 1950s attitudes about Oaxaca as one of Mexico’s “backwards” regions, whose natives were seen as primitive and thus nonexistent. Their territory was officially qualified as “virgin” (or empty). Describing the living conditions of Chinantecos and Mazatecos in the Soyaltepec Valley region, Rulfo took an active, first-hand role in their reacomodo, helping to justify the government’s efforts to displace and dispossess them. Nevertheless, Rivera Garza also portrays Rulfo as an advocate working in solidarity with indigenous communities, looking melancholically at their ruin and misery though his photographs that document the imminent loss of vital, indigenous material culture.
This tension is apparent in Rulfo’s other works as well, such as his short story “Talpa” (1953) and in the script for La fórmula secreta (Coca Cola en la sangre) (The secret formula: Coca-Cola in the blood, 1965), and El despojo (The plunder, 1976).2“Talpa” is a confessional monologue that describes the narrator’s travels with his brother, Tanilo, and his wife, Natalia, to see the legendary Virgin of Talpa in the hopes that she will heal Tanilo’s terminal illness. The narrator describes Tanilo’s mutilated body in detail as it disintegrates during the pilgrimage through arid, hot, and dusty land. The trip becomes an aimless voyage toward nothing but guilt: the narrator and Tanilo’s wife are in love, and both know that Tanilo will not survive the trip. Yet they press him onwards, secretly desiring to “finish him off” forever. Tanilo’s death march in search of the savior Virgin becomes an allegory for indigenous reacomodo. The displacement justified by the “progress” of modernity and the benefits of a nation-state is in fact an aimless, self-destructive trip towards annihilation.
In a sequence from La fórmula secreta, we see indigenous people in three distinct contexts: first as peasants; then in the baroque Santa María Tonanzintla church in San Andrés Cholula, Mexico (alluding to the hybridity of pre-Hispanic and Spanish culture in the country); and then wearing modern clothes and suspended from a ceiling. The sequence poses a question: How will originary peoples be figured or represented by the modernizing process? How will they be figured, that is, once they have “Coca-Cola in the blood”? What place or role will modern Mexico offer them? The film ends with a long list of transnational companies that were besieging Mexico in the 1960s. Although animated by a belief in a modern future for all, Rulfo’s literary and cinematic work depicts the suffering and abjection of indigenous peoples’ social and cultural deaths.
The double bind of modernity officially conceals the colonial carnage necessary for modern progress even as it strategically reveals this same carnage for the purpose of accruing cultural capital. The modern worlding of the world —which includes the production of objective reality by experimental science, knowledge, and design—coincides with the ruthless elimination and instrumentalizaton of certain creatures by others. This blind spot is the “habit” of coloniality. Habit, according to Elaine Scarry, either closes down sensation entirely or builds up perception as its own interior. Habit creates sentience either by opening or closing the world.3 The habit of coloniality is ingrained in the Western unconscious, predicating universality, progress, betterment, and growth on the eradication of alterity. This is the condition of modernity itself, even as it furnishes the resources for a critique of such systemic destruction. As Rolando Vázquez argues, “The narrative of salvation of modernity was built on the denial of the genocidal violence of colonialism.” The first mass colonial genocide was the early expression of a system geared towards the consumption of human and nonhuman life—that is, the consumption of the earth.4

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PRIMERA LLAMADA. PRIMERA.


Ojalá podamos encontrarnos este 17 de mayo a las 7:30 pm en Casa Lamm.

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Tuesday, May 02, 2017

UN RULFO NUESTRO, EL DE CADA QUIÉN


Nora de la Cruz escribió sobre Había mucha neblina o humo o no sé qué en Casa del Tiempo. Revista de la Universidad Autónoma Metropolitana: 


A tiempo para celebrar el centenario, pero al margen del homenaje ofcial, Cristina Rivera Garza entrega un libro híbrido, experimental, en congruencia con sus obras más recientes y los intereses abordados en ellas. Había mucha neblina o humo o no sé qué es una exploración en torno al autor de Pedro Páramo y El llano en llamas, en sentido estricto. No se trata de la perspectiva teórica y distante, o de la observación científica y mediada; es, en cambio, una inmersión subjetiva en ciertos aspectos de la vida y la obra de Rulfo: se releen sus textos, pero también se reescriben y se reinterpretan; se observan las condiciones en las cuales se produjeron, con qué materiales, y se interactúa con ellos; se siguen los pasos del autor por los caminos que recorrió, en busca de su percepción posible, para ver lo que vio, para intuir sus sensaciones, como si acerca de su objeto de estudio la autora dijera, igual que el personaje rulfiano,“lo que yo quiero de él es su cuerpo”.

El título del libro es una cita de Pedro Páramo, que corresponde a la manera en la que Miguel explica cómo fue que perdió el camino de regreso a Contla; en realidad, alude a su condición de muerto y la imposibilidad de acceder a un mundo al que ya no pertenece. Este carácter liminal de la literatura rulfiana —entre la vida y la muerte, el pasado y el progreso, lo masculino y lo femenino, la tradición y la vanguardia— acompaña muy bien las búsquedas de Cristina Rivera Garza, quien desde hace algún tiempo está interesada en esas fronteras y algunas otras, como las que existen entre los géneros textuales, entre la creación individual y la comunal, entre la idea (el concepto, el precepto, el dato) y la materia (el cuerpo, la realidad física, la percepción). La conjunción entre los dos autores resulta armoniosa, orgánica, lo cual no siempre sucede cuando un autor escribe sobre otro, sobre todo si la única razón que tiene para hacerlo es la efeméride. Este no es el caso: en una breve introducción, la autora explica su relación con la obra de Rulfo y la aproximación que realiza en el libro, que es triple, podría decirse: la que recupera las coordenadas de su iden- tidad como individuo mediante el análisis de materiales de archivo; la que viaja por los lugares que él recorrió y se convirtieron en referentes para sus relatos y, finalmente, la que interpreta y reescribe la obra propiamente dicha. Es, sí, un libro sobre Juan Rulfo, pero también es una elaboración en torno a la creación literaria y al concepto de autor como sujeto histórico y como instancia del lenguaje, en tensión permanente entre la tradición y la renovación. En este sentido, este libro se relaciona con otras obras recientes de Rivera Garza, concretamente con su ensayo Los muertos indóciles y, en lo formal, con algunos aspectos de Viri- ditas y El disco de Newton.

La reseña completa aquí. 

--crg

 

Wednesday, April 26, 2017

LASA 2017 LIMA, PERÚ


PANEL: Escrituras en diálogo: Periferia, tráfico y afecto
TRACK: Literary Studies: Contemporary 

Sábado 29 de abril, 10:00 am
Salón A702


¡Nos vemos en Lima!

--crg

Monday, April 17, 2017

AURA. In Search Of...



Una colaboración entre Moores Opera House y escritores del Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Houston. No se lo pierdan.

--CRG

Sunday, April 16, 2017

AUTOBIOGRAPHY OF COTTON: UNIVERSITY OF KANSAS

LAWRENCE —The heart-wrenching narratives and testimony of Mexican cotton farmers are the subjects of a lecture by renowned Mexican author, poet and scholar Cristina Rivera Garza.
The University of Kansas Department of Spanish & Portuguese will welcome the award-winning author of six novels, three collections of stories, five collections of poetry and three nonfiction books to give a talk about her most recent project, which explores the history of marginalized cotton farmers who eventually suffered from exhaustion of resources, internal migrations and rampant narcoviolence. 
One of the foremost writers in the Spanish language, and one of the most interesting experimental writers in America, Rivera Garza will present “The Autobiography of Cotton: Documenting Writing and Crónicas from the Border,” tracing the history of cotton in North America with the focus of its role in Mexican history. Her lecture will ask and answer questions such as: What happened to the cotton industry after the abolishment of slavery in the U.S.? Who is exploited to provide us something to wear? What are the real costs of our jeans and T-shirts?
Rivera Garza, distinguished professor of Hispanic studies, was born in Matamoros, México, and has lived in the U.S. since 1989. She studied urban sociology at the National Autonomous University of Mexico and received her doctorate in Latin American history from the University of Houston. In 2012, she received a doctorate in Humane Letters Honoris Causa from the University of Houston, where she directs the Spanish Creative Writing Program. She is the recipient of, among other awards, the Roger Caillois Award for Latin American Literature (Paris, 2013) as well as the Anna Seghers (Berlin, 2005) and International Sor Juana Inés de la Cruz awards for her novel "No One Will See Me Cry" (University of Northwestern Press, 2001).
The lecture will take place from 4:30-6:30 p.m. Monday, April 17, in the Forum of Marvin Hall. A reception with light hors d’oeuvres and refreshments will be held in the Flex Space of Marvin Hall before the lecture. The event is open to the public.
For more information, please contact Alexandria Fraser at 785-864-3851 or spanport@ku.edu.

--CRG

Thursday, April 13, 2017

LAS ESTÉTICAS DE LA DESAPROPIACIÓN Y SUS POLÍTICAS

Nos vemos este viernes 14 de abril en UCLA a las 5:15 pm. El tema: Las estéticas de la desapropiación y sus políticas.

Me dará un gusto enorme verlos por ahí, Losangelinos.

--crg

Monday, April 10, 2017

RULFO O EL ÁNGEL MEXICANO DE LA HISTORIA


Roberto Sánchez Benítez escribió "Rulfo o el ángel mexicano de la historia" para Letras de Cambio, suplemento cultural del periódico Cambio de Michoacán:


Porque a fin de cuentas, lo que verdaderamente importa no es lo que uno piensa, sino lo que uno no sabe siquiera que pasa por la cabeza. Eso es ensoñar, ¿qué no? O eso es escribir.
                                     Cristina Rivera Garza

I

Haciendo caso omiso de esa leyenda negra que ya pesa sobre Rulfo en el sentido de que casi no hay cosa nueva que se pueda decir sobre él y su obra, a estas alturas,  Cristina Rivera Garza desafía cualquier certidumbre en este sentido y ofrece, con su libro más reciente, Había mucha neblina o humo o no sé qué (Penguin Random House, México, 2017)[1], una intervención creativa sobre una obra que, según ella misma confiesa, le ha acompañado desde los primeros instantes en que comenzó a leer y escribir. Relación escritor-lector que incluso califica de sagrada, ya que se establece fuera de toda obligación y vigilancia. Se trata de la comunión de la palabra por sí misma hacia sí mismo; construcción de la palabra en el espacio de la alteridad o en la ajenidad de sí mismo como otro.
Lo que ella lleva a cabo es, en efecto, una recreación, que es una lección de (des)apropiación[2] de una obra que debe estar leyéndose constantemente, en este caso y de manera muy especial, a partir de las circunstancias que rodearon al autor de Pedro Páramo (1955) como fueron sus oficios para ganarse la vida. Así, “lo que pasa es que yo trabajo”, resulta ser una de las expresiones que Rivera selecciona de una entrevista que se le hizo a Rulfo en 1983, y que le parecerá muy sintomática para su análisis. Trabajos enmarcados en el periodo del llamado “milagro económico mexicano” (de los años 30s a los 50s del siglo pasado). Pero también, la autora lleva acabo un sugerente y revelador experimento que consiste en instalarse en la ficción rufiana y con ella seguir los pasos por la estética de la tierra y el paisaje, por el rostro de la gente y el eco de sus voces, alegrías y esperanzas con el objeto de encontrarse en el futuro adelantado de sus textos, haciéndole crear guiños cuyo sentido la futura lectura será capaz de comprender.
No hay límites de figuración para una capacidad narrativa como la de Rivera Garza, quien se propone algo más que una recreación de Rulfo y sus circunstancias, como lo es recorrer los caminos andados como empleado de la Goodrich-Euzkadi, o del trabajo en la Comisión del Papaloapan o finalmente en una oficina editorial del Instituto Nacional Indigenista,  sino también tomar en cuenta testimonios de gente que lo conoció por la sierra de Oaxaca (donde de hecho se encuentra un lugar llamado “Luvina”, y donde todavía se le vincula al movimiento de desplazamiento que sufrieron los pueblos a raíz de las obras hidráulicas de dicha Comisión[3]), así como haciendo uso del recuerdo imaginativo de las fotografías que tomó de esos lugares agrestes, intercalando aquí y allá frases rulfianas que suenan de nuevo a otra cosa, que vuelven a nacer con el hechizo de quien las recuerda (la palabra es de quien la trabaja y ara con ella la tierra fértil de los sueños), con la emoción de quien se transporta con ellas por el camino de la intimidad, el silencio, las nubes, el canto elocuente de los ríos, las voces que, como sombras, son también sospechosas de vida.



[1] Expresión evidentemente rulfiana dicha por el personaje Miguel Páramo cuando confiesa haber perdido a su amada en Contla y que no corresponde sino a la visión que tiene de la entrada al mundo de los muertos (Juan Rulfo, Pedro Páramo, México, Editorial RM y Fundación Rulfo, 2016, p. 25). Las apariciones de este personaje en la vida de Eduvigues parecieran haber sido el modelo que tenga Prudencio Aguilar con Úrsula en Cien años de soledad de Gabriel García Márquez. Rivera Garza destaca dos párrafos en los que se encuentran similitudes casi absolutas en estas dos grandes obras literarias. El rulfiano corresponde a la noche en la que el padre Rentería no puede dormir, que es cuando muere Miguel: “El padre Rentería se acordará muchos años después de la noche en que la dureza de la cama lo tuvo despierto y después lo obligó a salir. Fue la noche en que murió Miguel Páramo” (92); el otro es, por supuesto, el meteórico inicio de la novela de García Márquez: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.”
[2] Como se sabe, la autora tiene todo un libro dedicado al análisis de estas estrategias “que se mueven hacia lo propio y hacia o ajeno en tanto ajeno, rechazando necesariamente el regreso a la circulación de la autoría y el capital, pero manteniendo las inscripciones del otro y de los otros en el proceso textual.” Se trata, a fin de cuentas, de escrituras, cuyo ejemplo es su ensayo sobre Rulfo, “que exploran el adentro y el afuera del lenguaje, es decir, su acaecer social en comunidad, justo entre los discursos y los decires de los otros en los que nos convertimos todos cuando estamos relacionalmente con otros.” (Cristina Rivera Garza, Los muertos indóciles. Necroescrituras y desapropiación, México, Tusquets, 2013, p. 25).
[3] Tlacotalpan, Veracruz, es una de las poblaciones mágicas y legendarias que sigue siendo afectada por el desbordamiento de este río caudaloso.


Artículo completo aquí.

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